ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA CERCADO

Semana 10 --- Juan Bautista

Jueves --- Leer con oración: Mt 3:3, 7-8, 11-12

“Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lc 3:16)

EL BAUTISMO EN ESPÍRITU SANTO Y FUEGO

Juan el Bautista fue escogido por Dios para ser el precursor de Jesús, el Rey del reino de los cielos. Antes de que el Señor comenzara Su ministerio, Juan apareció predicando en el desierto de Judea para que todos se arrepintieran, pues el reino de los cielos se había acercado. Su surgimiento fue profetizado por Isaías al anunciar “Voz del que clama en el desierto”, pues era aquel que pregonaba que se preparara el camino del Señor y se enderezaran sus sendas (Mt 3:3). Juan tenía claridad sobre la incumbencia que Dios Le había dado y sabía que no era el Cristo.

El Señor Jesús vendría para traer el reino, y el camino que debía seguir tenía valles y piedras que necesitaban ser removidas. En otras palabras, el camino que conduce a la salvación necesita ser limpio de impedimentos y barreras. Por eso Juan el Bautista fue enviado para preparar el camino del Señor. Como un buen precursor, él debía alzar todo valle, nivelar todos los montes y enderezar todos los caminos (Is 40:3-4). Desde el vientre de su madre, Juan ya sabía cuál era su misión.

Juan el Bautista era hijo de un sacerdote, y como tal estaba apto para ejercer el sacerdocio. Según los preceptos de la ley, él, como sacerdote, podía usar las vestiduras y comer de los alimentos sacerdotales, y así cumplir su oficio en el templo en Jerusalén. No obstante, él prefirió comenzar su ministerio en el desierto. Juan el Bautista actuó de una manera muy diferente, usando vestiduras de piel de camello –un animal considerado inmundo por los judíos–, y un cinto de cuero; su alimentación consistía en langostas y miel silvestre. Realmente él no actuaba como un sacerdote tradicional.

Jerusalén, Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán salía a él, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados (Mt 3:5-6). El bautismo representa la sepultura del antiguo vivir. Las personas buscaban a Juan para ser bautizadas y tener un cambio de manera de pensar, un cambio en su vivir. Sin embargo, cuando los fariseos y saduceos venían al bautismo de Juan, él les decía: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (vs. 7-8).

El bautismo en las aguas representaba la confirmación visible de un verdadero arrepentimiento. Era como si Juan el Bautista anunciara a todos diciendo: “Quiero que ustedes cambien de manera de pensar, que nieguen su alma y se arrepientan”. En los versículos 11 y 12 añadió: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”.

Juan el Bautista anunció que el Señor los bautizaría en Espíritu Santo y fuego. En el pasado nos fue dada la interpretación de que el Señor bautizaría en el Espíritu Santo o en fuego, dependiendo de la situación de cada uno. Es decir, interpretábamos que el Espíritu Santo era para aquellos que creen, y el fuego era la perdición de aquellos que no creen en Cristo. Pero, si esto es correcto, el texto debería decir: “en Espíritu Santo o en fuego”.

Necesitamos estar conscientes de que, aunque el arrepentimiento está relacionado con el cambio de mentalidad y el bautismo está ligado al arrepentimiento, para tener la realidad de la vida de Dios y entrar en Su reino, necesitamos del Espíritu Santo y del fuego.

Punto Clave:

Espíritu Santo y fuego.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué frutos produce el arrepentimiento?