ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA CERCADO

Semana 3--- La descendencia de Abraham

Lunes --- Leer con oración: Gn 11:31; 12:1, 8; Jos 24:2; Jn 12:31; 14:30; Hch 7:2-4

“Y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová” (Gn 12:8b)

ABRAHAM, LLAMADO POR DIOS

Dios no desistió del hombre, por eso, aun después de las sucesivas caídas de la humanidad, Él llamó a Abraham para tener un nuevo comienzo. De la descendencia de Abraham vino el Señor Jesús (Mt 1:1). Conforme al registro del evangelio de Mateo, la genealogía del Señor no comienza con Adán, sino con Abraham, el padre de la raza llamada.

Abraham estaba en Asiria, una tierra de idolatría, cuando fue llamado por Dios (Jos 24:2). Para atender a este llamamiento, tenía que dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre (Hch 7:2-4). Pero, puesto que aún era joven, no atendió rápidamente el llamado de Dios, sino que fue alentado por su padre Taré para dejar Caldea. Así caminaron hasta Harán, en Asiria, que simboliza el mundo del pecado, donde permanecieron hasta que Taré falleció (Gn 11:31). Entonces, Dios vino a llamarlo nuevamente (12:1).

El mundo hoy también está lleno de idolatría y pecado porque Satanás es su príncipe (Jn 12:31; 14:30). La idolatría y el pecado mantienen al hombre lejos de Dios; sin embargo, Él es misericordioso y está listo para perdonar a todo aquel que se arrepienta y vuelva su corazón al Señor (Mi 7:18-20).

Esto es lo que vemos en el libro de Jonás. Dios había enviado a Jonás para advertir a los habitantes de la ciudad de Nínive a que se arrepintieran de la multitud de sus pecados. No obstante, el profeta desobedeció y huyó (4:2). Pero, Dios no desistió de él; aunque los marineros lo lanzaron al mar, y fue tragado por un gran pez. En aquella situación Jonás se arrepintió y se dispuso a anunciar la palabra de Dios en Nínive. Entonces el Señor lo libró y lo llevó sano y salvo hasta la playa. Según este relato, vemos que, cuando intentamos esquivar la voluntad de Dios, Él nos conduce de vuelta a Su propósito a través de Sus arreglos soberanos.

El hecho de que Jonás haya pasado tres días y tres noches en el vientre de un gran pez simboliza la muerte y la resurrección del Señor Jesús (Mt 12:39-41; 1 Co 15:3-4). Al morir y resucitar, Jesús cumplió la voluntad divina, redimiéndonos de los pecados, justificándonos delante de Dios. ¡Aleluya!

¡Gracias a Dios! Pues no sólo Jonás se arrepintió, sino también todos los habitantes de la ciudad de Nínive a quienes les anunció la advertencia divina. Finalmente, cuando Dios vio este genuino arrepentimiento, perdonó a aquel pueblo y no continuó queriendo destruir la ciudad (Jon 3:5-10).

En el llamamiento de Abraham, Dios tampoco desistió de él cuando estuvo en Harán, le habló nuevamente con el propósito de conducirlo a la tierra de Canaán. Cuando Abraham llegó allí, adoró al Señor, plantó su tienda, edificó un altar e invocó Su nombre (Gn 12:8). En aquel momento, fue restaurada en la tierra la práctica de exaltar el nombre del Señor. ¡Aleluya! Lo que antes se había perdido por engrandecer el nombre de los ídolos y abandonar el nombre del Señor, Dios lo recobró nuevamente por medio de Abraham, Su escogido.

Dios continúa llamándonos para que cumplamos Su voluntad y como es misericordioso, no se rehúsa a perdonarnos cuando nos arrepentimos delante de Él con un corazón contrito. ¡Aleluya!

Punto Clave:

Dios no desiste del hombre.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué podemos conocer con respecto al sentir de Dios, a través de lo sucedido con Jonás y la ciudad de Nínive?