¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE?

Semana 14 --- La edificación del tabernáculo

Jueves --- Leer con oración: Ex 26:1-25; 30:1-10; Mt 27:51; He 9:3-4; 10:19-20; Ap 5:8; 8

“Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él” (Ap 11:1)

COORDINACIÓN, ORACIÓN Y MEDICIÓN

El capítulo 26 de Éxodo continúa describiendo con detalle cómo debía ser edificado el tabernáculo. Su cubierta, por ejemplo, debía tener varias capas de cortinas de lino, de pieles de cabra y de carnero, esto servía para impedir la entrada de la luz solar (vs. 1-14).

Las paredes debían ser hechas de tablas de madera de acacia, cada una con un codo y medio de anchura (vs. 15-16). Cuando eran puestas dos tablas una al lado de la otra, se completaban tres codos, es decir, una medida completa. Esto está relacionado con nuestra experiencia personal, es decir, no debemos actuar aisladamente. Necesitamos coordinar con los demás hermanos para alcanzar la medida adecuada.

La altura de las tablas era igual para todas, diez codos. Como las tablas de la habitación de Dios en la tierra, tenemos que ver nuestra propia condición. En la edificación del tabernáculo de Dios no podemos ser más ni menos que diez codos. Cuando hacemos algo más que los demás y retenemos los servicios sólo para nosotros, sobrepasamos la medida. Por otra parte, si no participamos, estamos muy lejos de satisfacer los requisitos de Dios. Todo esto representa nuestra experiencia de coordinación en la vida de la iglesia.

Otro elemento importantísimo del tabernáculo era el altar del incienso (30:1-10). En el Antiguo Testamento se encontraba en el Lugar Santo, delante del velo, frente al arca del Pacto. Este altar también era hecho de madera de acacia, pero no era para el sacrificio, sino para el incienso. Apocalipsis nos muestra que el altar del incienso, el incensario, representa las oraciones de los santos (Ap 5:8). Cuando oramos, el Señor, como el incienso, se añade a nuestras oraciones (8:4). Al orar, sube un agradable aroma a Dios, que acepta nuestras oraciones, cuyo contenido es Cristo mismo.

En Apocalipsis 11:1 leemos: “Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él”. Ser medido por la caña de Dios significa que usted Le pertenece. El templo aquí es el templo interior que se refiere al Lugar Santísimo y al Lugar Santo. Cuando el Señor fue crucificado, el velo del templo se rasgó de arriba abajo (Mt 27:51). Por medio de Su sangre, Él nos abrió un camino nuevo y vivo (He 10:19-20). No hay más separación entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Por tanto, el altar del incienso dejó de estar sólo en el Lugar Santo y pasó a ser el centro del tabernáculo (9:3-4). Esto significa que la oración es el centro del lugar de habitación de Dios. El versículo 2 de Apocalipsis 11 dice: “Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses”. Esto representa los tres años y medio de la gran tribulación que habrá en la tierra. En ese periodo, catástrofes nunca antes vistas sucederán principalmente en Europa. Si usted está “dentro del templo”, estará protegido, porque habrá sido medido y apartado por Dios.

Hoy el Lugar Santísimo y el altar del incienso están en nuestro espíritu. Por eso, cuando oramos, no debemos preocuparnos por lo que está sucediendo en el atrio. Así que, permanezcamos en el espíritu, en el Lugar Santísimo, y seamos guardados.

Punto Clave:

Nunca actuemos aisladamente.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué representa para nosotros el altar del incienso hoy?