¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE?

Semana 6 --- Dios llama a Abraham

Sábado --- Leer con oración: Gn 12:1-3; 2 Cr 20:7; Is 41:8; Hch 7:2

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (He 11:8)

DIOS LLAMA A ABRAHAM

Dios no abandonó Su voluntad, por eso vino nuevamente a buscar al hombre. A pesar de la situación negativa causada por la torre de Babel, aun así Él quería continuar con Su propósito. Por un lado, el hombre tiene una necesidad del Dios verdadero en su interior, porque cuando se aleja de Él, siente un vacío que intenta llenar con los ídolos. Por otro, Dios también necesita de nuestra presencia, porque nos ama con amor eterno (Jer 31:3). ¡Gracias al Señor!

Como los hombres sentían la necesidad de adorar a Dios, pero como se habían alejado de Él, hicieron ídolos. Por ejemplo, la región de Caldea estaba llena de ídolos. Pese a ello, para restaurar el conocimiento de Su voluntad, Dios necesitaba encontrar a alguien que pudiera cooperar con Él. Por esa razón, llamó a Abram, a quien después le cambió el nombre por Abraham (Gn 12:1-3; 17:5; Jos 24:2-3).

Abraham vivía en Ur, una ciudad de Caldea. Dios lo llamó para que saliera de la casa de su padre y fuera a la tierra que Él le mostraría. Tal vez por ser joven, su fe aún no era suficiente para salir solo de Ur. Es posible que le haya relatado la orden de Dios a su padre Taré, que para alentarlo, se dispuso a acompañarlo en su jornada. Entonces Abraham dejó Ur de los caldeos y se fue a la ciudad pecaminosa de Asiria llamada Harán, donde su padre falleció (Gn 11:31-32; Hch 7:2-4).

Ese aún no era el deseo de Dios para Abraham, pues el Señor quería darle como herencia la tierra prometida. En Génesis 12:1, leemos que el Señor mismo se le apareció a Abraham para llamarlo de Harán: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”.

Cuando Abraham salió de Harán, no sabía adónde ir. Sin embargo, por la fe en la palabra de Dios, partió, creyendo que Dios lo conduciría hasta la buena tierra. Finalmente, Abraham llegó a la tierra de Canaán (v. 5), y en esa ocasión el Señor se le apareció nuevamente, confirmando la promesa de darle una descendencia para que heredara aquella tierra. Gracias a Dios, la reacción de Abraham fue adorarlo: plantó su tienda, edificó un altar e invocó el nombre del Señor (vs. 7-8). El hecho de que Abraham haya plantado su tienda al lado del altar muestra que estaba agradecido al Señor, y que a partir de allí su vivir sería totalmente consagrado a Él. ¡Aleluya!

La consagración de Abraham fue determinante para que él, como amigo de Dios, viviera en Su presencia y recibiera todas las bendiciones prometidas (18:17-18, 22; 2 Cr 20:7; Is 41:8). Anhelemos estar siempre en la presencia del Señor, adorándole, consagrándonos a Él e invocando Su nombre, con el objetivo de hacer Su voluntad. ¡Amén!.

Punto Clave:

El Señor desea darnos una herencia.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué semejanza hay entre nuestro llamamiento y el de Abraham?