¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE?

Semana 9 --- Moisés es preparado para liberar el pueblo de Israel

Sábado --- Leer con oración: Ex 3:2-3, 11; 4:1, 10-16

“¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar” (Ex 4:11-12)

MOISÉS ES PREPARADO PARA LIBERAR AL PUEBLO DE ISRAEL

Moisés pensaba que podía salvar a su pueblo con las habiidades que había adquirido por haber sido educado en el palacio de Faraón. Pero su presunción no duró mucho. Lo que él no sabía era que Dios esperaría hasta que él ya no confiara en sí mismo, en sus conocimientos, en su capacidad. Todo eso debía pasar por muerte y resurrección. Sólo así estaría apto para servir al Señor.

En el desierto, Moisés se casó y se convirtió en un pastor de ovejas. Toda la elocuencia, el conocimiento y habiidades que había adquirido no le sirvieron de nada allí y, con el paso del tiempo, las fue perdiendo.

Pasaron otros cuarenta años, y la Biblia relata que: “Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios” (Ex 2:23-25).

Haremos un paréntesis aquí para extraer una lección: ante las tribulaciones, sentimos que necesitamos de la ayuda de Dios; sin embargo, cuando la vida es muy fácil, tendemos a olvidarnos de Él.

Por ejemplo, si un hermano está desempleado, ora sin cesar, les pide oración a todos los hermanos de la iglesia, no falta a las reuniones de oración etc. Cuando Dios le da un trabajo, va a la reunión y da testimonio reconociendo que fue el resultado de la oración, que el Señor lo agració. Poco tiempo después, es ascendido y pasa a trabajar más, a tal punto de no poder ir a todas las reuniones. Al principio, se lamenta: “¡Cuánto me gustaría participar más de las reuniones! Pero con este nuevo trabajo no tengo tiempo libre”. Al principio él se siente en deuda, pero después se acomoda a aquella situación.

Este es un tipo de usurpación en la que el mundo – simbolizado por Egipto del tiempo de faraón– intenta impedir al cristiano ir delante de Dios para adorarle. Es una situación muy grave, pues puede llevarnos a perder la bendición del Señor.

Por eso exhortamos a todos a no olvidarse de invocar el nombre del Señor. No importa la situación en la que se encuentre. En un buen empleo, en un cargo de gerencia o como jefe: usted fue llamado para servir a Dios. Pero Satanás, el rey de este mundo, quiere atarlo, enredarlo. Dios lo quiere, pero el mundo también lo quiere y para eso va a usar todos los medios para impedirle que adore a Dios.

Volviendo a la historia del pueblo de Israel, vemos que, después de clamar, Dios llamó a Moisés para que libertara a Su pueblo de la opresión egipcia. El Señor se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza que ardía, pero que no se consumía (Ex 3:2-3). Esto nos muestra que Dios (representado por el fuego) quiere usar al hombre (simbolizado por la zarza), pero, sin necesidad del esfuerzo proveniente de lo que es humano (visto en la zarza que no se consumía). 19

A los ojos de Dios, Moisés estaba listo para ser usado para liberar a Su pueblo, pero en aquel momento, Moisés ya no se sentía capaz de realizar algo tan grande para Dios e incluso se resistió a Su llamamiento, diciendo: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (v. 11). El Señor fue insistente con él, pero, aun así, Moisés se rehusaba: “He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová” (4:1). Dios le respondió dándole poderes para hacer señales milagrosas, pero Moisés no se sentía capaz: “¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua” (v. 10).

Sin embargo, el Señor le respondió: “¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar” (vs. 11-12). Pero ni así Moisés aceptó: “¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar” (v. 13). Al oír eso, Dios se enojó contra Moisés y le dijo que su hermano, Aarón, hablaría por él (vs. 14-15).

Entonces Moisés fue con Aarón ante Faraón y le hablaron, pero éste no quería dejar salir al pueblo pues no quería privarse de toda aquella mano de obra abundante y barata. La próxima semana veremos cómo Dios, con mano poderosa, brazo extendido y gran terror libró a Su pueblo de las manos opresoras de Faraón (Dt 7:8; Jer 32:21)..

Punto Clave:

No importa la situación en la que se encuentre: ¡Invoque el nombre del Señor!

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué lecciones aprendemos del pueblo de Israel que trabajaba en Egipto?