APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 10 --- El cruce por el mar

Domingo --- Leer con oración: Ex 15:21, 16:3; 17:4; Ro 12:2; 1 P 1:9

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro 6:4)

CRUZAR EL MAR ROJO Y PROSEGUIR HACIA CANAÁN

El cruce del Mar Rojo hecho por el pueblo de Israel después de salir de Egipto simboliza el bautismo por el cual todo aquel que cree en Jesucristo debe pasar.

Cuando una persona cree en el Señor Jesús, da un paso de fe y, a partir de entonces, es salva de la condenación eterna. Sin embargo, existe un paso complementario, que no está relacionado con la salvación, sino con la jornada cristiana: el bautismo. El bautismo es un testimonio que da aquel que cree en Cristo, significa que murió para Satanás y el mundo, al mismo tiempo, resucita, con Cristo, para una nueva vida y un nuevo vivir.

Los hijos de Israel no podían servir a Dios en Egipto, por eso el Señor los sacó de allí para que Le celebren fiesta en el desierto. De la misma manera, hoy cuando creemos en el Señor Jesús y somos bautizados, somos aptos para servir y festejar con nuestros hermanos en Cristo.

Inmediatamente después del cruce del mar, Moisés entonó un cántico de alabanza al Señor. Entonces María, la hermana de Moisés y Aarón, que era una profetiza, tomó un pandero y lideró a todas las mujeres, danzando y cantando con gran júbilo y gratitud al Señor (Ex 15:21).

No obstante, el cruce del Mar Rojo no era el destino del pueblo, sino Canaán, la tierra prometida. El viaje de Egipto a Canaán normalmente duraba sólo tres días, pero el pueblo de Israel se demoró casi cuarenta años para hacer el recorrido. Esto indica que, aunque Faraón y su ejército habían perecido en el Mar Rojo, los israelitas, antes de entrar en la buena tierra, tenían todavía que derrotar a otros enemigos, de los cuales el peor estaba escondido dentro de ellos mismos, pero ellos no lo sabían.

Después de los tres versículos del registro del cántico de Moisés, el pueblo empezó a murmurar en contra de él. Al principio fue por causa del agua. Entonces Moisés, clamó al Señor, y Él hizo un milagro, de modo que el pueblo sació su sed. Seis versículos más adelante está el relato donde los israelitas vuelven a murmurar contra Moisés y Aarón e indirectamente, contra el Señor: “y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (16:3).

Después de muchas murmuraciones y desobediencias por parte del pueblo, Moisés no podía soportar más la presión: “Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán” (17:4).

La obstinación, la rebeldía y el corazón malo de incredulidad del pueblo de Israel constituían su peor enemigo. Un enemigo oculto en el interior y por eso, difícil de ser notado y combatido.

La historia de los hijos de Israel es nuestra historia. El cruce del Mar Rojo representa nuestro bautismo después de creer, y la obstinación del pueblo en el desierto indica cuán complicada es nuestra alma, se envejece fácilmente y constituye un impedimento para que Dios nos introduzca en Canaán.

El Señor quiere usar a Su pueblo. Sin embargo, no podemos usar nuestro viejo hombre para servir a Dios. Por eso, así como atravesar el Mar Rojo fue importante para los hijos de Israel, pero no era ese su destino, tampoco debemos conformarnos con vernos libres de los pecados groseros del pasado. Todavía existen muchas cosas más dentro de nosotros –las tradiciones, por ejemplo– que intentan impedirnos avanzar para obtener el fin de nuestra fe: la salvación de nuestra alma (1 P 1:9).

El pueblo de Israel atravesó el Mar Rojo pero, tuvo que pasar cuarenta años en el desierto hasta que toda aquella generación pereciera. Finalmente, antes de entrar a la tierra prometida aún tuvieron que cruzar algo más, el río Jordán. La próxima semana veremos cómo esto representa el hecho de que tenemos que dejar las cosas viejas atrás (Ro 12:2).

Punto Clave:

Ya cruzamos el Mar Rojo.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué representa el cruce del Mar Rojo?