APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15--- Las aguas que salen del templo

Lunes --- Leer con oración: Gn 2:10-12; Jn 3:3-5; 6:63; 1 Co 3:10-12; 2 Co 3:18; 1 P 1:2, 6-7, 19; Ap 21:19-21

“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P 1:6-7)

ORO, BEDELIO Y ÓNICE

Como ya vimos en los mensajes anteriores, del huerto de Edén salía un río que se repartía en cuatro brazos. El curso principal de este río se llama Pisón, que “rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice” (Gn 2:11-12). El fluir de este río representa la obra del Espíritu Todo-inclusivo.

El oro representa la naturaleza divina que recibimos al creer en el Señor Jesús. Pese a ello, aún tenemos muchas impurezas en nuestra alma. Por esa razón, cada vez que somos iluminados por actuar en nuestro ser natural, sentimos un fuerte pesar que produce en nosotros arrepentimiento. Este sufrimiento interior forma parte de un proceso necesario para purificar nuestra alma y es parecido al proceso por el cual el oro necesita pasar al ser refinado por el fuego.

En su primera epístola, el apóstol Pedro hace esa comparación diciendo: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1:6-7). Las diversas pruebas son oportunidades para lanzar al fuego del Espíritu las impurezas de nuestra alma.

Además del oro bueno de la tierra de Havila, por donde pasa el río Pisón, también hay bedelio, que es una especie de perla vegetal que es el resultado de la savia abundante que rompe la corteza de ciertos árboles. El bedelio representa la obra del Hijo, que en Génesis 2:12, aparece antes de la caída del hombre. La plata está presente en la edificación del tabernáculo en el Antiguo Testamento y representa la redención de Cristo (Ex 26:19-25; 30:12-16). En el Nuevo Testamento Pablo también habla de la plata en la edificación de la iglesia (1 Co 3:10-12). Finalmente, por el fluir de ese río, en la nueva Jerusalén, la obra del Hijo es representada por la perla (Ap 21:21).

La perla es formada cuando, por ejemplo, un grano de arena entra en la ostra. Al entrar en ella, el grano de arena la incomoda, así como cuando nos entra polvo en los ojos. Espontáneamente la ostra produce una secreción, la cual es su parte más rica, para envolver el grano de arena para que le cause menos sufrimientos. Este proceso, lento y doloroso, termina transformando al grano de arena en una bella perla.

Esto es semejante a la labor del Señor, cuando estaba muriendo en la cruz por cada uno de nosotros, para redimirnos y producir la iglesia. En la nueva Jerusalén las doce puertas son doce perlas, y cada una de esas puertas, de una sola perla (Ap 21:21). Estas puertas, que son las entradas a la ciudad santa, surgieron por medio del sufrimiento de Cristo, que nos amó sin medida y se dio por nosotros.

En la tierra de Havila, que rodea el río Pisón, también se encuentra una piedra preciosa, la piedra de ónice, que es de color rojo. Podemos ver las piedras preciosas también al final del Nuevo Testamento, en la nueva Jerusalén, cuyo fulgor será semejante a una piedra preciosísima, como la piedra de jaspe diáfana como el cristal.

Sabemos que los cimientos del muro de la nueva Jerusalén están adornados con todo tipo de piedras preciosas (Ap 21:11, 19-20). Cada piedra tiene un color que representa una característica de la obra de Dios en nosotros. El color rojo se refiere a la redención. El color verde a la vida, y la variación de su tonalidad representa los diversos niveles de madurez espiritual. Por ejemplo, en la vida vegetal, cuando una planta empieza a brotar, ésta es de color verde claro; conforme la vida va creciendo este verde se va oscureciendo, se vuelve de un color más intenso. Entre las doce piedras preciosas hay algunas con tres tonalidades diferentes de color verde; el más intenso es la piedra de jaspe, que representa la madurez de la vida.

¡Gracias al Señor! Pues por medio de la obra del Espíritu somos llevados a obedecer y recibir la aspersión de la sangre de Jesús, a creer en Él para nuestra regeneración, y a ser transformados para el crecimiento y la madurez en la vida divina (Jn 3:3-5; 6:63; 2 Co 3:18, 1 P 1:2).

Punto Clave:

Amados, purificados y transformados.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Cuál es el significado de cada material encontrado en el río Pisón?