ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS PARA GANAR EL GALARDÓN

Semana 12 --- El patrón del vivir de los que reinarán con Cristo (4)

Jueves --- Leer con oración: Lv 11:7; Mt 7:6; Fil 3:2; Ap 12:1-6

“Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro” (Fil 3:1)

NO ECHAR LAS PERLAS A LOS CERDOS

Continuando en el capítulo 7 del Evangelio de Mateo, leemos: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen” (v. 6). Las perlas, en este versículo, se refieren a la palabra de Dios, especialmente, a las verdades bíblicas.

Para comprender mejor este versículo, necesitamos remontarnos al capítulo 11 del libro de Levítico, que habla de los animales limpios e inmundos.

De acuerdo con el texto bíblico, los animales limpios tienen la pezuña hendida, dividida en dos y son rumiantes. Entre éstos se encuentran, por ejemplo, los bueyes y las ovejas. Pero el cerdo, a pesar de tener la pezuña hendida, es clasificado como inmundo porque no rumia, y el perro también tiene la misma clasificación, puesto que no tiene pezuña hendida ni rumia.

El hecho de que los animales limpios rumian representa que Dios desea que tengamos la práctica de buscar extraer al máximo el alimento espiritual que recibimos. Por su parte, la pezuña hendida, indica la capacidad de discernir entre lo que es santo de lo que no lo es, es decir, si la palabra que alguien pronuncia viene o no de Dios.

Por tanto, las personas representadas por los animales limpios son aquellos que mastican reiteradas veces el alimento espiritual, extrayendo así el máximo de los nutrientes y además, tienen el espíritu de discernimiento para identificar si la palabra que escuchan proviene de Dios o no.

Las personas llamadas “perros” o “cerdos”, por su parte, representan a aquellos que no valoran la preciosidad contenida en la palabra de Dios, representada por las perlas. Tanto los perros como los cerdos tragan el alimento vorazmente, prácticamente sin masticar ni saborearlo.

Quiero contarles mi experiencia con relación a esto. Cuando como carne asada –que es una carne exquisita– sin masticarla adecuadamente, parece ser como cualquier otra carne, pero, cuando la mastico correctamente, puedo saborearla mejor.

De vez en cuando le doy a mi perro los restos de la carne y él se los traga de un solo bocado, sin masticarlos. Esto nos muestra que no debemos entregarles lo mejor que tenemos de la palabra de Dios y Su revelación a personas que son como “perros” o “cerdos”.

Hace algún tiempo atrás, el Señor nos dio una gran revelación sobre Apocalipsis 12. Vimos la figura de una gran águila –que representa a la iglesia, la mujer universal– y en oposición a ella, vimos al dragón. Esto nos dio testimonio de lo que está descrito en Apocalipsis 12, por eso apreciamos mucho esta visión. Esta revelación no nos fue dada sólo a nosotros, sino a todas las iglesias de la tierra. No obstante, hay algunos quienes nos critican y condenan.

Por eso, en vez de dar las preciosas revelaciones que el Señor nos confió a personas así, debemos practicarlas. Seamos como los animales limpios, que disciernen las cosas espirituales y extraen de ellas las riquezas.

Con el discernimiento espiritual, identificamos y rechazamos lo que no proviene de Dios y retenemos lo que proviene de Él. Para ello, debemos rumiar Su Palabra para digerirla y absorberla.

El Señor hizo hincapié en poner estos ejemplos en la Biblia para que aprendamos a valorar Su Palabra y podamos discernir con quién la compartimos.

Punto Clave:

Rumiar la Palabra.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Cuál es el principal beneficio que recibimos al rumiar la Palabra?