La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro

Semana 17 --- Alcanzaron una fe igualmente preciosa

Miércoles --- Leer con oración: Mt 16:27; 25:6-13, 19-30; 1 P 4:12

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P 1:7)

Necesitamos ser probados por fuego

El juicio en el tribunal de Cristo sucederá al final de esta era, en los aires (en Su parusía), Cuando Él venga a juzgar a los hijos de Dios (1 Ts 4:16-17; 2 Co 5:10). El juicio del Señor será según la obra de cada uno, que incluye la vida, la conducta y el servicio de cada hijo de Dios; unos serán recompensados y otros, disciplinados (Mt 16:27, 25:19-30). En ese juicio, el Señor juzgará cuánto de nuestra alma fue salva, es decir, si nuestra alma fue o no saturada por el Espíritu (cfr. 25:6-13). Aunque tengamos la vida divina en nuestro espíritu, las impurezas de nuestra alma necesitan ser removidas, y para eso tenemos que pasar por muchos sufrimientos. En su primera epístola Pedro habla que para que obtengamos la salvación completa, necesitamos ser probados por el fuego (1 P 1:7).

Como ya fue mencionado en los tomos anteriores, el oro, para ser purificado es colocado en un crisol. A medida que la temperatura aumenta, el oro es más purificado. Cuando alcanza la temperatura de mil cien grados, por tener un peso específico mayor, el oro baja, y las demás sustancias contenidas en él suben y pueden ser removidas. Sin embargo, hay algunas sustancias que no suben a la superficie con facilidad y por eso el oro necesita ser sometido a una temperatura aún más alta. Nosotros, a semejanza del oro, necesitamos pasar por ese proceso para que seamos realmente puros. En 1 Pedro 4:12 se dice que no debemos sorprendernos del fuego de prueba que nos sobreviene o pensar que es algo extraño. El fuego es algo normal en la vida cristiana, y todos nosotros pasaremos por él. Si no hubiere el quemar del fuego, las cosas naturales aún permanecerán en nuestro ser.

La meta de la purificación descrita en la Primera Epístola de Pedro es que lleguemos a ser como el oro puro. La vida de Dios trabajada hacia dentro de nosotros hace que todas las cosas negativas sean retiradas cuando estamos en medio del fuego. No sabemos la intensidad de ese fuego, ni siquiera cuantas impurezas ya fueron eliminadas de nuestro ser, pero creemos que buena parte de nosotros, por lo menos, el cincuenta por ciento de las cosas naturales ya fueron removidas. Podemos estimar ese porcentaje porque hemos aprendido muchas lecciones que traen consigo aquello que es más precioso que el oro perecedero, la vida de Dios. El libro de Génesis menciona el oro bueno (2:12). En Ezequiel 1 ese oro equivale al material metálico, que es el electro. Al final ese oro va a llegar a ser el oro de la Nueva Jerusalén, que es transparente. De la misma manera, Dios quiere trabajarse en nosotros a tal punto que los elementos de nuestra vieja vida: los viejos conceptos, el viejo vivir, las viejas maneras y los viejos hábitos, sean eliminados de nosotros y lleguemos a ser totalmente transparentes. Una vez juzgados de esa manera, obtendremos alabanza, gloria y honra (1 P 1:7b), es decir, reinaremos en una alta posición con el Señor.

Punto Clave:

El fuego nos purifica.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué sucede cuando el oro es sometido a altas temperaturas?