La revelación de la realidad de la vida de la iglesia

Semana 4 --- La entrada del Rey en Jerusalén

Miércoles --- Leer con oración: Gn 49:11; Zac 9:9; Mt 21:1-3; Jn 6:63; 15:1

“Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna” (Gn 49:11)

EL CAMINO PARA SER ÚTIL AL SEÑOR

Jesús tuvo muchos impedimentos antes de llegar a Jerusalén. Al acercarse a la ciudad, al llegar a Betfagé, envió a dos discípulos y les dijo: “Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará” (Mt 21:1-3).

Estos versículos se refieren a una profecía de Zacarías, que habla sobre cómo el Rey Jesús entraría en Jerusalén: cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna (9:9). Los discípulos encontraron al pollino, conforme a lo que el Señor les había dicho.

Normalmente, la naturaleza del pollino es muy fuerte, testaruda y obstinada. La Biblia relata la historia del asna de Balaam: “Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab”. Cuando ésta vio al Ángel del Señor, se desvió, yendo por el campo, y entonces Balaam la azotó para hacerla volver al camino. “Y el asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino. Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó al asna con un palo. Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces? Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. ¡Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No” (Nm 22:21-30).

La naturaleza del asno es así: cuando no quiere avanzar, mientras más lo azotan, menos se mueve. Si somos sinceros al considerar nuestra experiencia, nos daremos cuenta de que, a veces, nuestro carácter se parece mucho al de un asno: fuerte y testarudo. Pero hay esperanza para nosotros.

A pesar de que todos los asnos son testarudos, aquel al que el Señor mandó a buscar para entrar en Jerusalén, ya estaba preparado. Podemos decir que el carácter de este asno había sido moldeado. ¿Cómo sucedió esto? La Biblia nos muestra la respuesta: “Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna” (Gn 49:11).

Esto nos muestra que para ser preparados y usados por Dios, el camino es comer las palabras del Señor, del fruto de la vid, pues Sus palabras son Espíritu y vida (Jn 6:63). Él es la “vid verdadera” (15:1).

Punto Clave:

El Señor nos necesita.

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Qué es necesario hacer para moldear la naturaleza fuerte y testaruda de un asno?