El ministerio ulterior del apóstol Juan

Semana 13 --- La salvación orgánica

Viernes --- Leer con oración: Ro 12:1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro 12:1)

Sacrificio vivo, santo y agradable a Dios

Romanos 12:1 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Primero debemos consagrar nuestro cuerpo. Pero esta consagración no es de una vez y para siempre; es continua y frecuente, debido a que aún vivimos en el alma, aún no llegamos a la plena madurez.

El Señor ya nos justificó y santificó. El pecado ya no tiene dominio sobre nosotros; pero en nuestro vivir como pueblo del reino de los cielos necesitamos consagrarnos siempre, porque aun sin querer volvemos a vivir por el hombre natural. Es como si anulásemos la consagración que hicimos, por eso debemos siempre presentarnos al Señor, consagrar a Él nuestro cuerpo.

Debemos presentar nuestro cuerpo como sacrificio vivo, que es prefigurado por el sacrificio del Antiguo Testamento. Después que el animal era inmolado y su sangre derramada, era colocado sobre el altar. El derramamiento de la sangre es para remisión de los pecados. Como sacrificio vivo no morimos de una vez y para siempre, sino que necesitamos siempre experimentar la muerte en una acción continua. De ese modo experimentamos la justificación de manera orgánica, que debe ser algo continuo en nuestro vivir; constantemente somos justificados por nuestros hechos.

Nuestro sacrificio no es sólo justo, sino también santo, esto significa que el sacrificio vivo ya fue colocado sobre el altar, es quemado por el fuego y consumido hasta llegar a ser cenizas. La ceniza es pura porque todas las impurezas fueron quemadas. Entonces, primero necesitamos la consagración como sacrificio; después tenemos la justificación subjetiva y también la santificación disposicional.

Estos pasos de nuestra salvación orgánica necesitan producirse siempre en nuestro vivir. Por ejemplo, en la salvación completa de Dios, en el aspecto judicial, en el evangelio de la gracia, el Señor llegó a ser nuestra justicia, y como tal Lo recibimos de una vez y para siempre. Pero en el aspecto de la salvación orgánica, en el evangelio del reino de los cielos, es algo que debemos hacer siempre, continuamente. El sacrificio vivo está relacionado con la justificación. Aquí, la palabra “santo” está relacionada con la santificación. A fin de ser justos y santos necesitamos consagrarnos al Señor siempre, continuamente. Esto ocurre como un proceso metabólico.

Además, es un sacrificio agradable a Dios, lo que indica reconciliación con Dios. En el aspecto del evangelio de la gracia, fuimos justificados, santificados y reconciliados con Dios mediante la obra redentora de Cristo en la cruz. Por tanto, nos hicimos aptos para recibir la vida de Dios. Quien realizó la reconciliación fue el Señor Jesús, pero ahora, esa reconciliación debe volverse una experiencia subjetiva día a día. Necesitamos tener esa reconciliación con Dios, volvernos agradables a Él, es decir, necesitamos agradar a Dios continuamente de manera orgánica.

En Romanos 12:1 vemos cuatro puntos de la salvación orgánica: consagración, justificación, santificación y reconciliación con Dios. Si vivimos en la esfera de la vida del reino de los cielos debemos continuamente experimentar esos puntos. Este es nuestro “culto racional”. El término “culto”, en el original es “servicio sacerdotal”; ese es nuestro servicio subjetivo, no se refiere a lo que el Señor hizo por nosotros, sino a lo que nosotros debemos hacer por Él. Esto nos corresponde; es algo lógico y racional.

Punto Clave:

Consagrarnos continuamente

Su punto clave es:
Pregunta:

De modo práctico, ¿Cómo podemos consagrarnos al Señor?