El ministerio ulterior del apóstol Juan

Semana 16 --- Participantes de la naturaleza divina

Viernes --- Leer con oración: 2 P 1:5-11

“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 P 1:5-7)

Poner toda diligencia

Como acabamos de leer-orar los versículos, vemos que debemos poner toda nuestra diligencia para librarnos de la corrupción de las pasiones que hay en el mundo; cuanto más nos libremos de ellas, más de la vida y la naturaleza divina nos serán añadidas. Esta debe ser nuestra práctica, paso a paso, poco a poco. No pensemos que sólo por hablar que “Dios se hizo hombre para que el hombre llegue a ser Dios”, seremos iguales a Dios. Antes bien, esta transformación ocurre gradualmente. De ese modo avanzamos de la fe al amor: el amor ágape, el amor de Dios.

Hoy vivimos en Filadelfia, la iglesia del amor fraternal, pero aún necesitamos que la naturaleza divina sea mucho más añadida a nosotros. Así que, no sólo amamos a los hermanos, también amamos a las personas del mundo. No debemos amar solamente a los que son amables, debemos amar también a los enemigos pues de ese modo la naturaleza de Dios es expresada en nosotros. Tal vez digamos: “Oh Señor, amar a los hermanos con quienes tenemos afinidad es posible, pero ¿cómo amar a los que se oponen a nosotros, que hablan mal de nosotros?”. Necesitamos recordar que todos los que tienen la vida de Dios tienen su nombre escrito en el libro de la vida, por tanto, no es un asunto de afinidad, sino de practicar la Palabra, de amarlos con el amor ágape. Este es el único camino para amar a todos los hermanos. Por la naturaleza divina en nuestro interior brota una voluntad de amarlos y de orar por ellos. Siempre que nos ejercitemos en amar a los hermanos, independientemente de lo que hagan o hablen, llegaremos a estar calificados para entrar en la manifestación del reino en la era venidera.

Los versículos 8 al 10 dicen: “Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. Esto es poner toda diligencia y asociar la virtud con la fe, el conocimiento, el dominio propio, la perseverancia, la piedad, el afecto fraternal y el amor para que la vida y la naturaleza divina sean trabajadas en nosotros.

En los versículos 10b y 11 leemos: “Porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Necesitamos crecer en vida para que la naturaleza divina sea añadida más y más en nosotros y madurar a fin de entrar en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. La iglesia es el lugar preparado por Dios para ser perfeccionados a fin de que la vida divina crezca en nosotros. ¡Aleluya!

Punto Clave:

De la fe al amor

Su punto clave es:
Pregunta:

¿Para qué nos califica el amar a los hermanos?