Viernes

Leer con oración:
Is 42:1-4; Mt 5:5; Lc 4:18-19; Tit 3:2; He 4:15; 5:8

“Sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”(1 P 3:4)
jesús se compadece de nuestras debilidades

Dando continuidad a los asuntos imprescindibles para tener una fructificación espiritual plena, tenemos como segundo requisito la capacidad de conocer la condición humana de aquellos que contactamos.

Para ejecutar la comisión que Dios nos confió, debemos aprender a mirar a las personas como realmente son, a través del amor divino. Cuando la vida de Dios rebose en nosotros, seremos mansos con todas las personas que están a nuestro alrededor. Seremos mansos con los demás cuando tengamos un profundo sentimiento interior sobre la condición de ellos.

El Señor Jesús decidió vivir en la tierra y convertirse en hombre para sentir el dolor y la aflicción de la humanidad. La salvación preparada por Dios para los hombres incluía una experiencia real entre ellos. Es por eso que Él se convirtió en nuestro sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades (He 4:15).

Por esta razón, el Señor permite que pasemos hoy por tribulaciones. Él desea perfeccionarnos para que seamos benevolentes con aquellos que pasan por los mismos errores y dificultades que nosotros pasamos. Él mismo, “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (He 5:8).

El Señor Jesús nació en un pesebre, era hijo de un carpintero. Cuando salía a ministrar la Palabra, muchas veces no tenía tiempo para alimentarse, ni disponía de un lugar o ambiente para dormir adecuadamente. Todos los espacios y situaciones de privación y austeridad probaron Su humanidad, que demostró ser compasiva, fraterna y amorosa. ¡Qué gran modelo! Mientras somos más espirituales y llenos de Dios, nos volvemos más humanos.

En Lucas 4:18-19 vemos al Señor ministrando el libro de Isaías, donde indica que Él fue ungido por Dios para evangelizar a los pobres, enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; y finalmente, a predicar el año agradable del Señor. En la era del Antiguo Testamento, en el año del Jubileo (Lv 25:13), todos los esclavos eran liberados y volvían a sus posesiones.

¡Aleluya! Cristo vino para atender a los necesitados y esclavos; vino a proclamar libertad para todos.

Punto Clave:
Cristo trajo libertad a los cautivos.
Pregunta:
¿De qué manera podemos serles útiles a los necesitados?